LA LLAVE A LA RIQUEZA
A veces nos separamos de nuestro “yo del futuro”…
pero, ¿dónde queda el ser que somos ahora?
Tal vez el vacío entre donde te encuentras y donde deseas estar nace de la creencia de que aún no tienes los resultados tangibles.
Pero la verdad es que ya eres la persona capaz de lograr aquello que te has propuesto.
Y cuando te das cuenta de eso…
comienzas a vivir con plenitud y paz, porque primero sabes quién eres antes de cualquier resultado.
Entonces, ese vacío deja de ser distancia…
y se convierte en un puente de fe.
Un puente donde ya entiendes que puedes hacerlo.
Que puedes obtenerlo.
Que ya existe dentro de ti.
Pero muchos de nosotros enfrentamos un desafío profundo:
a veces no nos sentimos capaces…
o dignos de recibir aquello que en realidad merecemos.
Por eso hoy quiero que repitas conmigo:
Pon tu mano sobre el corazón.
“Te amo, cuerpo mío.
Gracias, creador, por darme este cuerpo.
Perdóname por no cuidarte,
por no darte las cosas necesarias para funcionar bien
y para que juntos podamos experimentar la vida al máximo de nuestro potencial.
Hoy quiero renovar un contrato de entendimiento contigo.
De aquí en adelante voy a aprender a escucharte más, cuerpo mío.
Voy a respetarte.
Trabajaremos juntos y viviremos en armonía.
Muéstrame las oportunidades correctas para fortalecerte.
Enséñame a cuidarnos.
Hoy me acepto completamente.
Porque antes pensaba que tú y yo estábamos separados…
pero ahora entiendo que somos uno.
No me falta nada.
Soy la figura perfecta que veo en mis pensamientos.
Ahora abrazo profundamente mi propio cuerpo.
Y sobre todo, cuerpo mío, nunca olvides esto:
El alma que habita dentro de ti te ama.
Y siempre haré lo posible por cuidarnos.
Porque somos uno.
Mi cuerpo y mi alma… uno solo.
Y de ahora en adelante te enseñaré todos los regalos
de lo invisible hacia lo visible.
Gracias por cargar todos mis sueños dentro de ti.
TE AMO.
— ATT: El alma que habita dentro de sí misma.”